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El silencio nunca es absoluto. A veces, creo que me equivoqué de lugar, pero al repasar mis recuerdos no encuentro el camino alternativo. ¿Mantenernos (in)móviles nos hace fuertes? Mi pierna va por libre y se mueve sola cuando estoy sentada. Lo mismo ocurre con mis pensamientos, son tantos y van tan rápidos, que si no corro a escribirlos se me olvidan. Mi cabeza se mueve mientras el cuerpo espera. Se me han olvidado muchas buenas ideas, lo sé, sobre todo por las noches, que es cuando más aparecen, cuando la quietud del cuerpo se equipara a la del silencio y la mente es libre. Hay que pararse de vez en cuando a recoger los momentos, así podremos recordar los caminos que tomamos y que no trajeron hasta hoy, aunque a mí no siempre me da tiempo (a recoger mis pensamientos) porque aquietar el cuerpo en más fácil que callar la mente.

Nia Estévez Portillo

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