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(Poesía en prosa)

Buscaba silenciar el mundo con una frase o con un te quiero. Hay mucho ruido fuera y ella quería beber del silencio. A veces morimos de sed. Ruido de colores, de gente, de horas vacías que pasan sin pena ni gloria. Beber de tu fuente, buscarse en la sombra.
Harta de ambigüedades, que ni blanco ni negro, gris. Que ni mucho ni poco, ni lleno ni vacío, qué cómo lo ves tú o cómo lo veo. Oscuro, a medias y que más dan las medias tintas.
Navega del negro del pensamiento a la claridad del habla y lo escribe para hacerlo infinito. El horizonte se muestra y observa el vaivén de las líneas sobre el papel. El cuento de nunca acabar. Ordena pensamientos y eso es imposible, porque nadie sabe pensar en orden ni cuando le ordenan pensar. Capacidad de pocos, el orden de las cosas.
Ella no sabe de nada, solo cuenta lo que ve, lo que le tiembla en la mano y lo hace historia, lo dibuja en letras y le pone marco.
Encontró un día el silencio entre los espacios en blanco y se dedicó a copiarlos en libretas con guías que le marcaban en llanto. Por qué llora cuando se lee y se encoge, y le da miedo. Ella se pregunta si cuando le lean, alguien llorará también.

Nia Estévez Portillo.

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