Individualismo Social

La victoria de parte de la izquierda en Suecia el pasado 13 de septiembre es como un pequeño espacio de oxígeno y esperanza para los que todavía conservamos algún tipo de pensamiento social, ya no crítico (concepto que se escucha mucho, pero que pocos entienden). Definamos antes de nada lo que significan por separado, individualismo y social. De esta forma, el individualismo es una corriente filosófica (a pesar de la falta de pensantes), moral y política que pone por delante la autonomía personal como valor supremo frente a los intereses de cualquier grupo o comunidad. También por definición, social es todo aquello relativo a la convivencia humana entre los miembros de una comunidad organizada. Así, y a pesar de que las palabras de esta tribuna parecen antagónicas —independencia personal dentro de la hiperconexión de un marco con estructura social—, es como definiría el comportamiento que estamos viendo entre nuestros semejantes, entendiendo como iguales a aquellos que se consideran por derecho de nacimiento dentro de un mismo marco fronterizo. En este carácter individual colocaríamos la vida privada del individuo, pero el problema es que esa vida privada se está mostrando al resto de individuos sociales, además de a máquinas dirigidas desde el ámbito político-militar de grandes potencias mundiales, a niveles desmesurados.Esta pérdida de lo privado que parece voluntaria, esta exposición desproporcionada de lo no social, lleva a formas de expresión políticas que antes se debatían alrededor de la mesa de comedor de los hogares que tenían algo de lo que discutir y que escuchar. Desgraciadamente, donde antes la opinión social en lo político era expuesta por individuos públicos con carácter pensante y racional, se está viendo apartada por otros, cuyos conocimientos no pasan de unas matemáticas básicas aun cuando opinan de economía, o de un parco conocimiento de la historia anterior a su primer cumpleaños. Estos últimos (que son sociales y en cierta medida públicos en tanto que tienen millones de seguidores), comparten su escasa base de conocimiento y se redirigen los unos a los otros por el camino de la idiocia sin escuchar más allá de sus propias emociones —principalmente el miedo—, exaltada y alentada por aquellos otros mencionados antes, cuyos intereses económicos y políticos se benefician de tan extendida ignorancia (se diferencian los unos de los otros por la chaqueta que se enfrenta a la camiseta blanca con eslóganes en inglés). Esto, claro está, afecta directamente a lo público y lo social.Un señor se aparta de lo más excelente de Silicon Valley por miedo a que la IA acabe con nosotros como especie en unos cuatro años, augura; sin mirar ni de lejos, que somos nosotros mismos los que estamos arrebatándonos la humanidad desde ese individualismo dentro de nuestros marcos sociales perfectamente acotados, apoyando los mismos comportamientos en otras sociedades, en genocidios o a través de la cosificación de razas, géneros, etc.Si bien es cierto que la IA va más rápido, yo daría un voto de confianza a nuestras capacidades humanas para llevar a cabo la misma labor, aunque, eso sí, en algo más de tiempo. Esta sociedad global —quiero decir, dentro de cada país, las sociedades que los constituyen—tampoco lo está haciendo tan mal. Miremos Argentina, EEUU, Israel… Pero o cada individuo empieza a mirar más allá de su nariz y se preocupa por los derechos sociales y lo público (también a nivel global) o estamos condenados a la tiranía, tanto individual como política.

Porque nacional no es sinónimo de público. Es tan solo una acotación fronteriza y de dere-chos de aquellos que pertenecen a esa nación. Esas ideas rancias que se lanzan contra los doloridos oídos de la gente constituyen un empobrecimiento moral, público, educativo y económico, que no se hará evidente hasta que se sufra. El empoderamiento del estado de derechas supondrá el debilitamiento de la sociedad, que será convertida en un animal obe-diente por buena conducta. Una pirueta, un premio.Si en lugar de comparar sociedades de estado, comparasen las cuentas bancarias o las trayec-torias familiares de aquellos que dicen estupideces desde los atriles, igual se darían cuenta los que moran en la plebe de que salen perdiendo cuando adoptan sus doctrinas, tanto en lo económico como en lo curricular, entre otros. Eso sí, en lo que a gritar idioteces sin funda-mento se refiere, tanto púlpitos como jovenzuelos influenciados, más que influenciadores, van a la par. Al fin y al cabo, entre ellos son como un zoo lleno de primates y de loros. Unos primitivos con dinero y los otros desplumados. Los comportamientos residuales y el tradicionalismo rancio se cuelan entre los jóvenes e ignorantes (sobre los que caen como buitres) para enseñarles las conductas retrógradas que, quien conoce su historia sabe, llenan a la sociedad de violencia y muertos, se mire en la dirección que se mire. De estos residuos, tradición retrógrada e ignorancia, se deduce que ocurran cosas tales como que una Virgen se proclame alcaldesa, que los comedores de los colegios dejen de ser gratui-tos, que en los precios de alquileres prime la avaricia y avance el odio visceral hacia lo que creemos diferente o que el transporte escolar sea precario. Porque donde se pongan los toros, la misa de domingo y la familia tradicional, que se quite la educación, cualquier otra religión y los desviados sexuales.Las ideas derechistas, nazistas, franquistas y todas sus primas hermanas nos llevan a las mis-mas situaciones por las que ya hemos pasado, que no se recuerdan, que no se enseñaron, y me da a entender que a lo largo de los años están consiguiendo esconder su mierda bajo la alfombra para que los nuevos les sigan la corriente. La sorpresa llegará cuando toque hacer mudanza y empiecen a levantar los refajos.

Nia Estévez

Visitas: 4

Dejar una respuesta