Suscríbete a nuestro Boletín

Suscríbete aquí.

Recibirás contenido del Blog directamente en tu bandeja de entrada

¡No enviamos spam! Lee nuestra política de privacidad para más información.

De cara a la pared. Así es como transcurre la vida de las mujeres en un lugar que parece sacado de una novela distópica. No ven más allá de un horizonte vano, porque no tienen horizonte, porque para ellas no hay futuro y mientras estamos en fiestas, de compras y celebraciones, nos sueltan la bomba de que las mujeres allí tienen una nueva prohibición. Treinta segundos calculo que duró la noticia. Claro que, para qué sirve estudiar si no pueden ejercer la profesión.
No nos importa ahora, y si nos importa se nos olvidará pronto. Mientras aquí luchamos por los techos de cristal, allí no pueden asistir al colegio, cuando aquí reivindicamos llegar a casa solas y borrachas, allí no siquiera pueden salir de casa sin permiso y las asesinan por llevar mal colocado el velo. Si aquí luchamos contra la lacra de la masacre por la violencia machista, allí reciben castigos corporales por falta de obediencia. Suma y sigue.
Niqab, hijab, burka… no son prendas como los suéteres que adquirimos en los centros comerciales. La mujer en Afganistán no puede vestir como quiere, no puede acceder a los parques, no puede estudiar, no puede trabajar, no pueden… vivir en libertad. Son las esclavas de un sistema religioso y masculino que las ha expulsado de la vida pública. Me pregunto hacia dónde mira el resto del mundo. Supongo que hacia el Ibex35.

Pero disculpen las molestias. En unos días llegarán los camellos con los fardos llenos, eso es lo que importa.

Felices Fiestas.

Nia Estévez Portillo

Impactos: 97

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Cookie Consent with Real Cookie Banner