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Nos dejas el paisaje triste, anodino.
Obligas a arrebujarse en la ropa,
buscando la calidez del sol que nos robas.
El viento te mece a veces violenta, a veces ligera,
y te cuela por ventanas abiertas,
en las vidas de los que buscan refugio huyendo de ti.
Pobres inocentes.

Ellos ignoran lo que escondes.
Un regalo cargado de nuestra sed
cuando nos llenas los embalses.
Nos recoges el hambre
y nos dejas la siembra bebida,
que estaba sedienta.
Pobres inocentes.

Cuando te has ido,
nos envuelve el verde,
el olor a mojado de la tierra,
la humedad en el aire.
Das paso a la mesa llena,
al vaso rebosante,
al color de la primavera.

¡Ay lluvia traicionera!
que nos empapas la vida
escondida entre las nubes.
Que nos estropeas el día,
y el peinado.
¡Ay lluvia traicionera!
¡qué haríamos sin ti!

Nia.

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