FRECUENCIAS VECINALES
Estoy leyendo un ensayo muy interesante que deja algunos datos que me llaman especialmente la atención. Uno es que el oído humano puede captar sonidos desde los 20 Hz en los graves y desde 2.000 Hz en los agudos, siendo los tonos medios los más perceptibles. Quédense con este dato.
Los que me conocen, saben que siempre llevo un libro encima y cada vez que me paro, aprovecho para leer. Casi todas las mañanas desayuno en un bar que me resulta agradable, tienen buenas tostadas y, aunque tiene la tele un poco alta, no me importa. Tengo la habilidad de que no me molesten los ruidos para leer. Podría sentarme a leer tranquilamente en medio de una rave sin despistarme en una sola línea. Pero en este bar he descubierto que sí hay un ruido que no me deja leer, que me distrae y dificulta mi concentración. Ustedes pensarán, pues váyase a leer a su casa, y quizá no les falte razón, pero seguiré leyendo en los bares mientras desayuno. Esto es así. A mi vecino de mesa, aunque no estemos justo al lado, le encanta TikTok. Mira los vídeos de deportes, política y no sé si de música, y lo hace a una velocidad tal, que no he sido capaz de calcular cuántos (en esas cosas me distraigo). Deduzco que no le gustan los auriculares, a mí tampoco, pero su afición a las redes sociales, a frecuentar el mismo bar que yo y el hecho de coincidir siempre a la misma hora, me ha obligado a cambiar de lugar de desayuno. ¿Hasta qué punto sería descortés pedirle que bajara el volumen de su móvil? En este caso, la pregunta se puede plantear, pero qué me dicen del vecino que habla para que se entere toda la vecindad. Si le sale natural, no hay nada reprochable, pero no me negarán que si es incómodo escuchar ciertas intimidades en una conversación normal, no digamos en una discusión. En estos casos no se puede bajar o subir (que no quiero dar pistas) a pedirle que baje el volumen. Estas cosas dan pie a que a los pocos días lo saludes en las escaleras y se te escape preguntarle cómo está su gato. Cosas de ser cortés.
Un móvil puede expulsar por su altavoz la molesta cantidad de 20 Hz (hasta una cantidad exagerada) y como no reproduce bien los graves, pues nos molesta. Mi vecino (he rebuscado en internet) puede hablar a una nada desdeñable cantidad de 100 a 250 Hz. No es que yo sea una quejica, ya he dicho que puedo leer en casi cualquier situación, pero quizá se trate de respeto. Quizá se trate de que hemos perdido la intimidad hasta tal punto, que no importe nada airear nuestros gustos tiktokianos (esta palabra existe). Iría más lejos. Diría que, hemos perdido tanto la vergüenza, que ya casi nadie duda en opinar sobre política de bar, tomando de referencia, claro, los vídeos de TikTok, Facebook o los comentarios de escaleras. Tomemos esto como un llamamiento (vano). Aunque al del bar nunca le haya visto coger el periódico, siempre nos quedará la aplicación.
Nia Estévez
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