GUÍA DE CUIDADOS DEL HOMBRE DECENTE
Mi madre me hizo una lista para evitar morir y a mi hermano otra para evitar embarazos. De momento todo va según el plan. El día en que las mujeres empezaron a pelear por tener voz, fue el día en que nos dimos cuenta de hasta qué punto Eros y Thanatos se hicieron uno. Tan instinto natural son la supervivencia como el amor; sin embargo, cuando conviven dentro del mismo cuerpo, se crea un agujero negro por el que o se cae o se sale sobreviviendo.
¿Qué tiene que ver la violencia con el amor o con el sexo? Nada. Cuando llegué a la adolescencia, mi madre me enseñó a prevenir ciertas situaciones que pudieran desencadenar en violencia hacia mi persona. A mi hermano no le dio ninguna lista sobre violencia, pero sí sobre embarazos no deseados (bastante más corta, por cierto). Con el paso de los años, esa lista ha ido creciendo e, incluso, modernizándose, dadas las nuevas formas de violencia contra las mujeres. A lo largo de todos estos años, se han puesto en marcha iniciativas que ayudan a las mujeres que han sufrido la violencia machista. Son muy útiles, por supuesto, pero no arreglan el problema, porque el problema no está en que necesitemos asistencia médica y psicológica para nosotras y nuestros hijos, el problema radica en que no hay apenas recursos que enseñen al hombre a no agredirnos (a los hombres violentos, porque se entiende que no son todos), que ellos no tienen listas. Por resumir, se destinan dos mil setecientos millones a curarnos los desgarros y solo doscientos cuatro millones a educar en contra de la violencia contra las mujeres, pero no es específica para ellos, es general.
Siguiendo como pauta la lista de mi madre, se me han ocurrido algunos ejemplos de listas masculinas.
Podrían elegir rutas más cortas para cruzarse con el menor número posible de mujeres, sabiendo como sabemos de su manejo de mapas y callejeros. Caminar por calles bien iluminadas para que puedan ser vistos en caso de interés en agredir, y si está abarrotada de gente, mejor que mejor. Vestir lo más llamativo posible. Así podremos verlos desde lejos e ir advertidas. Entiendo que la ropa fluorescente es casi exclusiva del deporte y que un sábado por la noche es raro llevar una camiseta amarilla, pero las modas son un misterio y podemos bautizarla como Colección del Agresor Visible. Pactar protocolos con amigos que puedan llamar a la policía si se intenta una agresión. Compartir la localización en tiempo real. Si saben dónde están en todo momento, no podrán esconderse. Revisar cada poco tiempo que no caminan detrás de una mujer. Evitar el contacto visual a las nalgas, pechos o cualquier zona que les resulte erógena o quizá, y por terminar, refugiarse en tiendas o locales iluminados ante la necesidad de agresión inminente sería opción más que plausible.
Entiéndase esto como la sátira que es, porque al año mueren, agreden o violan a una cantidad inasumible de mujeres (teniendo como asumible la cantidad de cero) y aunque se me ocurren muchas más, no tengo tantas palabras disponibles en este artículo.
Nia Estévez
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